21 de septiembre de 2007

Valéry y el scat

Dijo el autor de "El cementerio marino": "Primero fue el ritmo y luego ciertas palabras que, flotantes pero cada vez más próximas, empezaron a encontrar su sitio en aquel fluir rítmico...".

¿Leyó Anita O'Day a Valéry?

17 de septiembre de 2007

So lonely

No siento aún impulsos por ver a The Police a un precio similar en proporción al que pagaron algunos por verlos hace muchos años en el Hotel de México ($1,100.oo... que, devaluaciones, inflación y resta de ceros por medio, son algo así como once centavos de hoy).

Sting me parece un pavorreal sin plumas y me da un poco de tristeza imaginar a Andy Summers deletreando esas canciones que seguramente desde siempre le han parecido de kinder. Recuerdo con aprecio los arreos del guitarrista para evitar cualquier guiño a The Police en un concierto que dio en octubre de 2002 en el Teatro de la Ciudad. Nomás para calmar a uno que otro obseso con "Roxanne", en el encore entregó una versión instrumental de "Message in a bottle", dejando que los de las butacas se encargaran de versos y coritos.

En cambio, Sting cada vez me inspira mayor laxitud. La última vez que lo vi en el Palacio de los Deportes se dedicó, sin pudor, a pulir baladas que a Raúl DiBlasio le deben parecer preciosas. Su "Roxanne" fue penosísima, alargando innecesariamente la parte en que los espectadores le hacen segunda. Los ocho minutos que duró esa tortura confirmaron que el magnetismo del otrora profesor de futbol se acabó, que mejor se dedique a promover el sexo tántrico en el Amazonas.

De Stewart Copeland no puedo decir mucho. La única vez que lo tuve frente a mí no traía baquetas y sí una amable disposición para platicar de The Police.
Acá puedes ver lo que contó.

Sting dijo alguna vez que la idea de reunirse con sus ex compañeros era tan atractiva como la que puede tener un divorciado por volver con la ex cuando en la memoria sólo quedan pleitos interminables. ¿A quién entonces se le antoja ver a ese matrimonio recompuesto que se la pasa diciendo "De do do do, de da da da"?

14 de septiembre de 2007

La verdad desnuda sobre "I'm not there" está en Playboy

En 1966, en la introducción a la entrevista que Dylan concedió a Playboy, Nat Hentoff, el paciente interrogador, comenta que la ropa oscura, botas y gafas del autor de "All I really want to do" son también seña de identidad entre muchos jóvenes. Y no sólo hombres, sino también chicas que, desafiantes, visten así. O sea, Cate Blanchett no es la primera.
Y en otra entrevista con la misma publicación, aparecida en marzo de 1978 y que debo tener por allí guardada en su edición mexicana (se llamaba Caballero y confieso que la adquirí siendo menor de edad... y no por Dylan), se da el siguiente diálogo:
Dylan: We could make a movie and you could be Bob Dylan, it would'nt matter.
Rosenbaum: But if there are two Bob Dylans in the film and Renaldo is always changing ...
Dylan: Well, it could be worse, it could be three or four.

11 de septiembre de 2007

Hedor

Dice Greil Marcus: "Algunas veces el país construido en la lista de popularidad de discos cambia más rápido que el mismo país. En su sentido más intenso, esa lista no es un reflejo de los eventos consignados en los periódicos —o incluso de los eventos que margina la prensa pero de los que de alguna manera se habla— sino una versión de ellos. Así, lo estúpido, el cliché y lo insípido se convierten de un momento a otro en la Verdad."

Mientras intento descifrar esto, la radio —o con más precisión: La Zeta— espeta su exitoso repertorio en la fonda donde infructuosamente hinco el diente a un remedo de carne asada. A mi lado, un solitario lee un diario, ¿pero lo lee o en realidad se regodea en las fotografías de accidentes, crímenes y de turgentes y anónimas modelos que con una historia de doscientos cincuenta caracteres adquieren nombre e identidad? El sonsonete que emerge de una canción (?) de Cuisillos espesa el ambiente... los efectos de su carencia de acuerdos sonoros confirma que entre el oído y el olfato hay conexiones insospechadas. En apariencia, esa suma de sonidos se puede tolerar al volumen que ahora está, pero en cambio torna irrespirable el aire. Los clichés gruperos hieden. Dejar que esas voces laceren los sentidos es como asomarse a un bote de basura orgánica, rebosante y fermentada desde hace varios días. Escapo.

Llego al Parque Lincoln. Dos jóvenes discuten en una banca cercana sobre las declaraciones de un policía de alto rango, quien aseguró ante los medios que las explosiones de gasoductos estaban anunciadas desde unos días antes. De allí pasan a comentar la carrera de autos —que a cierta velocidad vuelan y se llevan a todos los mirones— anunciada por el jefe de gobierno de esta ciudad y que en unos días tendrá como escenario el Paseo de la Reforma. ¿Y qué se ficieron los afanes ciclistas del mandatario de izquierda? ¿No sabe cuánto contaminan esos vehículos con su pedorrera de varios miles de caballos de potencia?

Un deslumbrante vehículo pasa con el escape abierto y pegada a la mierda que de allí emerge también se adivina un tema de K-Paz de la Sierra que versa sobre "una vecinita que está muy bonita". De nueva cuenta esa vibración que sacude mi oído se ha vuelto hedor.

Y vuelvo al párrafo de Marcus que sigo sin entender.

4 de septiembre de 2007

Callas y hallas

No sé qué hacer con esto porque a ratos me parece una paráfrasis ingenua y a veces me da la impresión de que es válida. ¿La guardo para mí? ¿Puede abordarse con semejante lenguaje y con solemnidad un asunto —la música pop— que invita al desmadre sino físico sí cerebral y anímico? Bueno, lo cuelgo de una vez.

El origen data del antepasado fin de semana. Le lectura de un libro de hace cincuenta años se convirtió en un juego en el que intercambié algunos vocablos —pocos en realidad— y el resultado arroja luz sobre algo que los melómanos hemos sentido, mas no sé si hemos alcanzado a expresar con claridad.

El nombre del autor y del libro los daré después. Dejo aquí lo leído:

La música revela este mundo; crea otro. Aísla; une. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Niega la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el ser humano adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Voz común, lengua de los escogidos, palabra del solitario.

La música utiliza, adapta o imita el fondo común de su época —esto es, el estilo de su tiempo— pero trasmuta todos estos materiales y realiza una obra única.

Para algunos la música es la experiencia del abandono; para otros, del rigor.

La gente más joven escucha música para ayudarse a expresar o conocer sus sentimientos, como si sólo en la música las borrosas, presentidas facciones del amor, de la soledad, de la individualidad pudieses contemplarse con nitidez. Cada escucha busca algo en la canción. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.

Todos, así haya sido por una fracción de segundo, hemos vislumbrado un estado de arrobamiento. No es necesario ser un místico para rozar esta certidumbre. Todos hemos sido niños. Todos hemos amado. El amor es un estado de reunión y participación, abierto a los seres humanos: en el acto amoroso la conciencia es como la ola que, vencido el obstáculo, antes de desplomarse se yergue en una plenitud en la que todo —forma y movimiento, impulso hacia arriba y fuerza de gravedad— alcanza un equilibrio sin apoyo, sustentando en sí mismo. Quietud del movimiento. Ese instante contiene todos los instantes. Sin dejar de fluir, el tiempo se detiene, colmado de sí.

La canción es mediación, por gracia suya, el tiempo original, padre de los
tiempos, encarna en un instante.
La sucesión se convierte en presente puro, manantial que se alimenta a sí mismo y trasmuta al ser humano. La canción crea imágenes y estas imágenes hacen del escucha imagen, poesía.

29 de agosto de 2007

Por eso no me asomo al Obituario del NYT

Llevaba días sin verlo, mas hoy no he resistido y me entero que Hilly Kristal, el dueño del CBGB's ya alcanzó a los integrantes de Ramones que se adelantaron. Good grief... (Charlie Brown dixit.)

22 de agosto de 2007

De última hora

Eno está trabajando con coldplay en su nuevo disco. ¿Qué decir? Los sueños de chris martin por ser el nuevo bono no conocen límite. Sólo quiero dejar constancia de que Eno no (Bonono Enono) es santo en este blog. De acuerdo, Here come the warm jets tiene su chiste, como lo tienen otros redondos del no-músico que también tutela a los más bárbaros egomaniacos, y cada quien tiene derecho a llenar su cuenta bancaria con todos los recursos posibles, pero esto de trabajar con dioses invertebrados sin testosterona... puaj.

p.d. Aviso a los fans de tom waits: Scarlett Johansson está por lanzar un álbum con canciones del tan celebrado pandroso de ornato. Avisados están.

Grabando en piedra

Me acuerdo de la primera grabación que hice. Fue en una radio-grabadora portátil de cassette. Después de jugar con play y record, teclas que debían ser oprimidas simultáneamente, grabé un episodio entero de Los Picapiedra, en las que éstos y los Mármol discuten por equis razón y sus hijos —Peebles y Bam-Bam— deciden irse de sus casas para poner fin a la disputa. A pesar de su corta edad, o no sé si por obra de los encargados del doblaje, pero lo cierto es que se podía entender ligeramente lo que decían ambos críos. Cuando se van, Peebles, gateando y atrás de Bam-Bam, algo le pregunta a él, y éste responde una frase que en mi memoria suena a: "Yo voy a Kisibi". Sobra decir que el final era predecible. Los niños son hallados por sus acongojados padres, quienes se dan cuenta de sus errores, prometen ser mejores y bla bla bla...

Al terminar la grabación, me di cuenta que en el cassette de treinta minutos en cada lado cabía entero el programa, sin comerciales, porque duraba veinte (algo enorme, un programa que era visión, sonido y ritual, entraba sin problema en algo pequeño, una cinta de plástico), pero lo más importante fue descubrir que mi oído activaba a otros sentidos y ya no era necesario esperar a las cinco treinta de la tarde para acercarme al tema de The Flintstones. Escuché el programa a las ocho treinta de la noche, ajeno a lo que daban por la televisión. Y volví a él, asombrado y bajo las cobijas a las once de la noche y una vez más en la madrugada. Sentí que podía, por vez primera, detener el tiempo, guardarlo y transportarlo. Tenía yo diez años.

16 de agosto de 2007


Treinta sin Elvis, treinta del estallido punk (Never mind the bollocks apareció el mero día que cumplí quince años en compañía de infumables compañeros de vocacional y pastelazo que me dejó rendir tributo a Kiss... me encantaría mentir y asegurar que recibí el plato producido por Chris Thomas unas semanas después), cuarenta de Sgt. Pepper's lonely hearts club band y otros tantos de The Velvet Underground & Nico.

Recuerdo que compré el Here come the warm jets de Eno en una discotienda hoy desaparecida, llamada El Sonido Discotheque, en el corazón de la Zona Rosa. A pesar de su nombre y de que tenían vinilos importados de Chic y de que allí conseguí —para el primer dj mexicano del que tuve noticia y que trabajaba conmigo en un sitio innombrable— el maxi-single de "Blue monday", también tenían un par de sencillos de Rip Rig + Panic a precios muy lejanos de mi bolsillo. El de Eno lo adquirí llevado por la curiosidad. Sólo sabía de su paso por Roxy Music y me causaban gracias los "pssssssssss" que soltaba en "Sound and vision" de Bowie. Me impresionó la nónima de colaboradores, donde aparecían Fripp y Manzanera. Como vaticinio de su extraño sabor, recuerdo que me encerré en mi cuarto y sobre el banco del restirador puse un plato con dos rebanadas de piña y un vaso inmenso con leche. Fue lo único que comí ese jueves. El LP también me sació como pocos lo habían hecho. Muchos años después, en una revista de medicina, leí que "Baby's on fire" (Lado A, track 3) era el segundo solo de guitarra más peligroso para el oído si era escuchado con audífonos y volumen alto. El primer lugar lo tenía Kiz Richards con ya no me acuerdo cuál tema.





11 de enero de 2007

Todos somos tus ahijados

Me voy a retirar cuando Frank Sinatra regrese a la escena.
James Brown



“¿Vino usted a un concierto de James Brown a sentarse?” La pregunta sorprende a la señora acompañada por su hijo y la novia de éste. A media genuflexión, la dama que porta playera con la efigie del Padrino del Funk, responde sonriente al vecino delante de ella: “¿No, verdad?” Y se levanta entonces para sumarse a quienes esta vez pagaron no por una butaca, sino por unos centímetros cuadrados de suelo convertidos en pista de baile ante la presencia de un hombre que ha revolucionado la historia de la música y a los setenta y tantos años viene a mostrar por qué su propuesta ha sido en las últimas cuatro décadas un motivo para mover el cuerpo, sudar y jadear gozosamente sin la intromisión de la autoridad por faltas a la moral.

Al saber de la visita de Brown al Auditorio, inevitable fue recordar que en años recientes las noticias sobre el Hombre Más Trabajador en el Show Business han estado salpicadas con un vocablo que suena a fiesta echada a perder: “policía”. Y tras ver el dvd James Brown: House of Blues (2000), donde su voz no es ya arañazo punzante… ¿qué esperaba mi escepticismo? Lo que fuera resultó arrasado, pues el escenario explotó con efervescente funk, con un escuadrón de metales capaz de aplastar cualquier gesto de solemnidad y un James Brown excelso, experto en localizar el botón de “encendido” que todos portamos y oprimirlo con dos sílabas que exaltan el frenesí sin escalas: Hit me!!

Faltan las dancers del video, en cuyas caderas se mezclan los ingredientes que Brown y sus secuaces ofrecen, pero la presencia de sus coristas y de Tomi Rae, su cuarta esposa, sumada al ímpetu del Padrino en los controles bastan para que los espectadores hagan suya la advertencia de “Get up offa That Thing (Release the Pressure)”: aquí la única tensión está en las percusiones, lo demás es sabrosa incontinencia.

Más filoso que un bisturí

A pesar de que en los sesenta y setenta Brown escribió indispensables capítulos del rhythm & blues, soul y funk, hoy no faltan críticas de algunos hacia su empeño en ordeñar tanto su pasado, sin dar algo “nuevo”. Semejante cantaleta —que es como recriminar a Thomas Alva Edison no haber hecho más en su laboratorio— se desmorona cuando sobre el foro, con aullidos y dinamismo, Mr. Dynamite incita a la lubricidad con “Doing to Death” y “I Got You (I Feel Good)”, o a la hermandad de géneros con una desgarradora versión de “It’s a Man’s World”. A pesar los achaques —apenas dos meses atrás fue pasado por bisturí al detectársele cáncer en la próstata—, para Brown un concierto es oportunidad de que músicos y espectadores tengan una comunión con alguien superior, tal como se vio en el filme The Blues Brothers (John Landis, 1980), donde hace el papel de reverendo y entre maromas y bramidos difunde la palabra de Dios.

Dirigiendo a una troupe de once músicos, donde destacan los legendarios Jeff Watkins (saxofón) y Hollie Farris (trompeta), más las coristas que le ponen acetileno al asunto, Brown baila aún con una destreza atribuible a los años de práctica y a la levedad de esos pies pequeños que han puesto a danzar a millones. Pero su papel va más allá del entertainer: también toca el órgano en un tributo a Ray Charles; dando la espalda a la audiencia, dirige a los suyos con pulso firme; ejecuta su conocido gag al hacer tambalear el micrófono hacia delante y justo antes de que le pegue a uno de sus músicos, jala el cable para entonces bailar con el aparato; va por una de las “mayoras” del coro y con ella se contonea, de perfil a la audiencia, irradiando puro deleite...

Quienes acompañan a La Voz de Alquitrán se ciñen con gozo a los latigazos funk, a complejos pasajes polirrítmicos con una maestría que hace casi innecesarios los arranques solistas, y emplean recursos tradicionales: no hay guitarras inalámbricas ni percusiones electrónicas. Se trata de hombres que vuelven extensiones de su ser a los instrumentos, mientras las chicas del coro rubrican el decir retozón de este hombre envuelto en una chaqueta que en otro parecería estrafalaria y a él se le ve apropiada.

Manteniendo intactos sus rituales —aún lo presenta con sabrosa retahíla su inimitable maestro de ceremonias, y en “Please, Please, Please” ejecuta el gag donde éste le pone dos coloridas capas de campeón de boxeo al tiempo que se aleja encogiéndose para regresar exudando vigor—, Brown es un generador de electricidad que consigue proezas superiores a la razón. Por allá alguien, con una pierna enyesada, levanta una muleta como señal de un milagro, de ésos que florecen cuando el Soul Brother Number One nos recuerda que la vida comienza con el baile.

Cronología
1928 El 3 de mayo nace James Brown en Augusta, Georgia. (Algunas fuentes señalan su nacimiento en 1933.)
1952 Luego de ser incipiente ladrón, boxeador y beisbolista, se une a The Flames, grupo de gospel que encabeza el cantante Bobby Byrd, y descubre el rhythm and blues.
1956 Conquistan a EUA con la incendiaria balada “Please, Please, Please”. Dado el carisma del cantante, el grupo se rebautiza como James Brown & the Famous Flames.
1963 Live at the Apollo exhibe, con un sonido crudo y excitante, la devoción que provoca Brown entre la población afroamericana.
1965 Con un trepidante riff de guitarra, irrumpe con dos memorables temas funk: “Papa’s Got a Brand New Bag” y “I Got You (I Feel Good)”.
1968 “Say It Loud (I’m Black and I’m Proud)” lo muestra como un autor comprometido con las causas sociales, y la prueba de fuego llega el 5 de abril, 24 horas después del asesinato de Martin Luther King. Las autoridades deciden no cancelar la presentación de Brown en el Boston Garden por temor a un motín y el show se transmite por televisión a todo EUA. El cantante invita a sus “hermanos” a que actúen con serenidad.
1970 Con “Get Up (I Feel like Being) a Sex Machine”, el funk alcanza cotas altísimas gracias a las intervenciones de Jimmy Nolen (guitarra), Maceo Parker (saxofón) y Fred Wesley (trombón).
1971 Compra varias estaciones radiofónicas y crea el sello discográfico People (distribuido por Polydor), donde grabarán sus protegidos: Bobby Byrd, Lyn Collins y Hank Ballard. Miles Davis lo cita como una de sus mayores influencias.
1976 Llega a la ciudad de México por primera vez para presentarse en un hotel de la Zona Rosa.
1979 A pesar de haberse anticipado a la música disco, sus éxitos en este periodo son escasos, salvo “It’s Too Funky in Here”.
Los 80 Su nómina de hits declina y en 1988 es arrestado por conducir de forma imprudente. Le siguen problemas policíacos por posesión de armas y drogas.
Los 90 Levanta demandas a granel porque infinidad de intérpretes de rap samplean su música sin pagarle un centavo. Con todo, su fama es más grande que los líos legales y en Augusta se pone su nombre a una céntrica avenida.
2003 El Kennedy Center le brinda un homenaje por su trayectoria y el Departamento de Policía de Carolina del Sur le perdona todos sus delitos y deja limpio su expediente.
2004 A finales de año se le diagnostica cáncer de próstata. La intervención quirúrgica resulta exitosa.
2005 Se presenta por segunda ocasión en el Auditorio Nacional. En mayo, en Georgia, se devela una estatua en su honor.
2006 Nos da un amargo regalo de Navidad.

¿Quién? James Brown.
¿Cuándo? 25 de febrero, 2005
¿Dónde? Auditorio Nacional.