martes, junio 30, 2009

JEP, 70 años

Tantos días de festejo institucional sólo han servido para ver qué mal se lee a José Emilio Pacheco. Por fortuna, el mismo poeta se ha empeñado en señalar que no es nostálgico ni apocalíptico.

Muchos lectores tenemos una deuda enorme con JEP, ya que de manera constante nos ha dado innumerables lecciones por medio de poemas, cuentos, novelas, traducciones, sus "Inventarios" en la revista Proceso, su columna "Simpatías y diferencias" en la Revista de la Universidad de México (por allá en los 50), sus conferencias en El Colegio Nacional con las cuales invitaba a indagar sobre los modernistas, Reyes, Gutiérrez Nájera y su compromiso con los suplementos culturales (poca gente recuerda hoy que Las batallas en el desierto apareció en una sola entrega en las 10 primeras páginas del suplemento sábado del unomásuno, con viñetas de Vicente Rojo, pocos meses antes de que Editorial Era lo echara al mercado como libro).

Como le ocurre a los maestros, JEP ha sido imitado por alumnos y admiradores de toda talla, pero a más de cincuenta y tres años de su debut en la revista Estaciones, dirigida por Elías Nandino, es evidente que no hay quien se acerque a su sombra. Ajeno al juego de la autopromoción, atento a la vida, a los libros, extrayendo de ellos savia empática con la suya, JEP cumple hoy 70 años.

Como homenaje mínimo quiero citar uno de los poemas favoritos y contar una anécdota:

"O toi que j'eusse aimée"...

Y ahora una digresión Consideremos
esa variante del amor que nunca
puede llamarse amor

Son aislados instantes sin futuro

En la ciudad donde estaré tres días
nos encontramos
Hablamos cien palabras

Pero un brillo en los ojos un silencio
o el roce de las manos que se despiden
prende la luz de la imaginación

Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
y se duele
["no habernos conocido..."]

E involuntariamente
ocupas tu fiel nicho
en un célibe harén de sombras y humo

Intocable
incorruptible al yugo del amor
viva en lo que llamó De Rougemont
la posesión por pérdida.

****

Hace muchos ayeres, una gentil coordinadora de actividades culturales sen los CCHs me invitó a dar una serie de conferencias desde mi experiencia de periodista cultural; una de ellas estuvo dedicada a La literatura que no se enseña en las escuelas. A más de 200 chavitos les leí los sonetos satíricos de Salvador Novo, crónicas de Carlos Valdés y Tomás Mojarro, cuentos de Amparo Dávila y Jorge Ibargüengoitia, poemas de Isabel Fraire y JEP.

Al final, en la sesión de preguntas, una núbil adolescente de 16 años levantó la mano y me preguntó si llevaba algún poema que hablara "de cuando alguien te gusta y no te animas a decírselo". Después de acallar a los cábulas que soltaron el consabido "uuuuuuhhh", eché mano de "O toi que j'eusse aimée"...

Al final, se acercó a mí la chica con cuaderno y pluma en mano y un sólo propósito: apuntar el título del libro del que había extraído el poema que algo muy personal le dijo.

lunes, junio 29, 2009

Réquiem por un hombre-industria

Suena en este momento "Remember the time", de Michael Jackson, en la mejor versión que conozco: con Lester Bowie's Brass Fantasy, que incluye bestiales solos de Bowie en la trompeta y de Luis Bonilla y Frank Lacy trombones (puedes bajarlo aquí, en Flac o MP3). No hay en casa, de hecho, un solo álbum de MJ como solista. Hay, sí, antologías de Motown donde reluce él con sus hermanos.

Jackson fue uno de esos personajes cuya continua exposición en los medios —centrados en sus filias y fobias, en sus gestos excéntricos, en la pigemntación de su piel, en su vida que de privada no tenía mucho— le restó credibilidad a su quehacer. Su carácter como compositor, intérprete y entertainer quedó sepultado por arrebatos que llegaban —muy cribados— a nosotros luego de transitar por el no menos deformante lente de las agencias de noticias y de los redactores de periódicos o noticiarios.

Para la generación que le tocó ser púber y adolescente en los 80, la noticia del deceso de MJ ha sido tan impactante como lo fue la del nueve de diciembre de 1980 para la mía. Al pasmo de sus fans se añade el hecho de que MJ pensaba regresar a lo suyo, la música, con una extensa serie de conciertos de despedida en Londres y que, de vez en cuando, daba señales de querer limpiar el estercolero amarillista en que se había convertido su imagen pública.

Jackson, igual que Prince, no pudo saltar del peñasco de los 90 al nuevo siglo. Proeza que sí consiguió Madonna. Mas para la historia de las enciclopedias (hoy amenazadas por la aparición de grupos como esporas en la red) quedan sus pasos firmes en muchos terrenos: sin él y sin "Thriller" o "Beat it", la evolución del video-clip habría sido otra; los récords de ventas de sus álbumes grabados en los 80 no sólo importan por sus millones de dólares, sino porque su presencia en millones de hogares representó un reconocimiento contemporáneo a la cultura pop negra regida por el mercado.

MJ, como Elvis Presley, fue un hombre-industria: reformó al mundo del entretenimiento con el apoyo de poderosos artífices (el productor Quincy Jones fue decisivo en Off the Wall). Pero a diferencia de Presley, intentó, en vano, preservar vivo a su niño interno y el rancho Neverland pasó de ser su paraíso a un campo de batalla mermado por la usura informativa.

Con frecuencia, y en tono carente de corrección política, me he preguntado qué hay en la mente de un fan de MJ para seguirlo respetando cuando las muestras de su ego y de comportamiento habían sido tan accidentadas. En lo musical, que es lo que importa, su álbum HIStory fue un pastelazo que acabó en la cara del emisor.

Vendrá un caudal de opiniones y de remembranzas. Es deseable que cuando la blablería (esta nota es un ejemplo) se aplaque, lo que quede a flote sean sus canciones y sus innovaciones. Y que sus tropiezos, a fuerza de ser repetidos y malinterpretados, se conviertan sólo en un anodino anecdotario.

El 9 de diciembre de 1980, en el programa El lado oscuro de la luna, en Radio Educación, Emilio Ebergenyi leyó el guión preparado a toda prisa por Juan Villoro y Claudia Aguirre. Parafraseo mínimamente el final de ese programa, pensando en los fans de MJ:

“Michael Jackson ha muerto. El sueño ha terminado. A sus fans les queda una responsabilidad mayúscula: ahora tendrán que aprender a soñar con sus propios medios”.